Este escrito es una pausa reconfortante en medio de semana caótica. He pasado la mayoría del tiempo preparando papeles para un trámite y haciendo fuerza por el resultado. Eso, sumado a varias citas y diligencias, ninguna de ellas voluntarias, me han mantenido dispersa y alejada de lo que realmente me gusta, o sea, mis libros y mi cocina.
Hace algunos días les hablé de la receta del Zapallo Espagueti, o Spaghetti Squash, según su nombre en inglés y resolví dedicarme hoy a mostrarles esa maravilla vegetal. A pesar de que Pam, una gran amiga americana había tratado de explicarme lo cool (o chévere, como decimos nosotros) que es este tipo de calabaza, yo no entendí mucho o no puse atención, porque tengo una relación un poco complicada con los miembros de esa familia (no con la de Pam, sino con la de las calabazas).
Pertenezco a una generación que pasó muchas horas delante de un plato de comida fría hasta que el cansancio y la perspectiva de quedarnos delante del plato para siempre eran peores que ceder finalmente y emprender la tarea de ingerir esa comida, con ojos llorosos y pausas para no “devolver atenciones”. Una de esas pesadillas de siempre en mi casa era la sopa de ahuyama (que es el nombre que se le da al zapallo o calabaza en Colombia). Apenas hace unos meses, decidí enfrentar ese” trauma” de mi infancia, en parte por la inundación de recetas de calabazas en todos los medios y en parte por curiosidad de saber de qué me estaba perdiendo.
Así que resolví probar el zapallo espagueti, y me siento feliz de haberlo hecho. Es una calabaza de invierno durísima de partir y con tiempo de cocción largo, pero que bien vale la pena. No existe en Suramérica, pero leí que están empezando a hacer ensayos de cultivo en Argentina.
Obviamente no tenía ni idea de cómo prepararla, pero investigando llegué a una receta de Emeril Lagasse, en Foodnetwork.com que funcionó a la perfección:
Zapallo Espaguetti con Hierbas
Ingredientes:
1 zapallo espagueti pequeño
2 ½ cucharadas de mantequilla
2 ½ cucharadas de hierbas frescas picadas (tales como albahaca, cebollín (chives), perejil, y salvia (sage) o la combinación de su gusto. (yo usé albahaca y perejil).
½ cucharadita de sal
1/8 cucharadita de pimienta negra recién molida
Preparación:
- Precaliente el horno a 375° F.
- Corte el zapallo por la mitad a lo largo con la ayuda de un cuchillo grande y muy afilado y ponga las dos mitades en un molde refractario, con la parte plana hacia abajo. Agregue agua al molde hasta que alcance una pulgada (2.5 cms.) medida en los bordes y tape el molde con papel aluminio. Hornee durante 45 minutos o hasta que el interior se pueda perforar fácilmente con la punta de un cuchillo.
- Voltee la calabaza, cubra nuevamente con el papel aluminio y cocine durante otros 15 minutos, hasta que esté muy tierna.
- Retire del horno, destape y deje enfriar ligeramente. Quite las semillas con una cuchara y deséchelas. Luego, hale las tiras de calabaza con un tenedor y ponga en un recipiente.
Para mí, esta fue la parte mágica: no podía creer que las fibras salieran tan perfectas y en tal cantidad!
Seguimos sacando y sacando fibras hasta llenar un recipiente bien grande y en ese momento pensé que aunque no me gustara el sabor, (que siempre era una posibilidad) el experimento había valido la pena aunque fuera por ver cómo funcionaba.
Sigo con la receta:
Y este es el resultado final:
Tengo que decir que es absolutamente deliciosa. Esto de ninguna manera justifica las horas de sufrimiento a las que nos sometieron; lamento que no hayan usado otros métodos menos drásticos para vendernos las calabazas y que me habrían hecho probarlas hace años.